El reto de orar a Dios

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Es tiempo de emprender la búsqueda de Dios en oración

Por Fernando Alexis Jiménez

Orar a Dios constituye un verdadero reto. Y le digo que un reto porque en una sociedad como la nuestra, carente de principios y valores, el que haya alguien convencido de la respuesta a su clamor, es difícil de encontrar.

Hemos creído en un Dios de milagros

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Dios desea responder con poder a nuestras oraciones


Fernando Alexis Jiménez
L
a enfermedad se agudizó en la vida de Laura. Los médicos no tenían explicación para la dolencia y, salvo medicarle grageas de todos los colores y antibióticos, declararon que no podían hacer más. “Lo sentimos, pero es lo que podemos hacer; lo que tenemos a mano”, le dijeron a su esposo, Roberto, un trabajador de la construcción en ciudad de México quien desesperado veía como la vida de su mujer se escapaba de las manos.

Al principio, cuando salía de la enorme clínica al caer la tarde, presa de la desesperación, pensó en muchas alternativas, la más recurrente la de quitarse la vida.

Y en medio de la desolación, decidió volver su mirada a Jesucristo. No tenía adónde ir, y los especialistas no le daban esperanzas. “Si Dios no lo hace, nadie más podrá hacerlo”, se repetía cada vez que decidía doblar sus rodillas en oración.

Para Dios no hay límites

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El Señor Jesús sigue obrando milagros en nuestra vida hoy

Fernando Alexis Jiménez
Siempre tuvo el convencimiento de que los cristianos evangélicos eran un grupo de fanáticos. “No dejan dormir, en especial los domingos en la mañana”, se quejaba. Le incomodaban los cantos en el templo y que, con las palmas, alabaran a Dios. “Existen otras formas de dar gracias a Dios”, aseguraba.

Pero el día que el mal tocó a su puerta, debido a que su madre se encontraba gravemente enferma en una clínica, comprendió la grandeza de su error.

¡Dios mío, necesito un milagro...!

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Dios desea obrar un milagro hoy en nuestra vida
Fernando Alexis Jiménez
“Si eres Dios, entonces obra un milagro”, gritó presa de la desesperación en la pequeña capilla de la clínica, cuando los médicos le anunciaron que su pequeño hijito, de apenas dos días de nacido, estaba para morir. La enfermedad que descubrieron, estaba tomando fuerza en todo el pequeño cuerpecito.

Tres fundamentos para un milagro

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Dios desea que nos movamos en la dimensión de los milagros


Fernando Alexis Jiménez
--El Señor Jesucristo me sano. El Señor Jesucristo me sanó—repetía una y otra vez desde el púlpito, testimoniando en la congregación, atestada de creyentes en aquél culto dominical.

            Relató de qué manera, tras veinte días en la unidad de cuidados intensivos de una clínica, después de sufrir un derrame cerebral, reaccionó pese a que los médicos consideraban imposible su recuperación.

En la dimensión de los milagros de Dios jamás serás el mismo

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Las Escrituras nos animan a caminar en fe


Fernando Alexis Jiménez

--El Señor Jesucristo me sano. El Señor Jesucristo me sanó—repetía una y otra vez desde el púlpito, testimoniando en la congregación, atestada de creyentes en aquél culto dominical.

Relató de qué manera, tras veinte días en la unidad de cuidados intensivos de una clínica, después de sufrir un derrame cerebral, reaccionó pese a que los médicos consideraban imposible su recuperación.

El incidente—decían—había provocado muchos daños y lo más probable era que no volviera a reaccionar. Difícilmente podría recuperarse del estado de coma.

Señor comenzó a obrar en mí de una manera especial…

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Si tan solo nos atrevemos a creer,
Dios se manifiestará con
poder. Orar, creer y actuar, la ruta
para movernos en la dimensión
sobrenatural


Fernando Alexis Jiménez
E
l médico miró con detenimiento las placas radiográficas. Arrugó el ceño, se acomodó los lentes y se acercó a la lámpara para observar con mayor detenimiento.  Estaba preocupado. Carraspeó mientras repasaba mentalmente las palabras que utilizaría para mitigar el impacto de un anuncio desagradable:

--Luis, lamento decirlo pero células cancerosas han invadido el sesenta por ciento de su próstata; ¿cuánto lleva sin practicarse este examen—interrogó.

--A mis 62 años es la primera vez que pido este examen—admitió Luis Magín Álvarez, director de las Sociedades Bíblicas Unidas en Venezuela--. Para serle sincero, doctor, no creí que fuera necesario--.
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