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| Dios desea responder con poder a nuestras oraciones |
Fernando Alexis Jiménez
a enfermedad se agudizó
en la vida de Laura. Los médicos no tenían explicación para la dolencia y,
salvo medicarle grageas de todos los colores y antibióticos, declararon que no
podían hacer más. “Lo sentimos, pero es
lo que podemos hacer; lo que tenemos a mano”, le dijeron a su esposo,
Roberto, un trabajador de la construcción en ciudad de México quien desesperado
veía como la vida de su mujer se escapaba de las manos.
Al principio, cuando
salía de la enorme clínica al caer la tarde, presa de la desesperación, pensó
en muchas alternativas, la más recurrente la de quitarse la vida.
Y en medio de la
desolación, decidió volver su mirada a Jesucristo. No tenía adónde ir, y los
especialistas no le daban esperanzas. “Si
Dios no lo hace, nadie más podrá hacerlo”, se repetía cada vez que decidía
doblar sus rodillas en oración.